Cómo saber lo que quiero cuando ya nada tiene sentido

Nadie te enseña a vivir.

Te dicen qué estudiar, a quién amar, cuándo casarte, pero no cómo escucharte.

Y un día despiertas —rodeado de ruido, de deberes y pantallas— y te das cuenta de que no sabes ni quién eres.

Y entonces llega la pregunta que lo desmorona todo: ¿cómo saber lo que quiero realmente?

La respuesta está aquí


1. La lucidez es un castigo, pero también el punto de partida

La gente dice que quiere claridad, pero no soporta verla. Porque cuando realmente ves, te das cuenta de lo falso que era todo.

Tu trabajo, tu pareja, tus metas.

Saber lo que quieres no empieza con certezas, sino con derrumbes.

Camus lo llamaría “el absurdo”: el momento en que la vida deja de tener sentido aparente.

El truco no es escapar del vacío. Es mirarlo de frente.
Pregúntate sin piedad:

“Si todo lo que tengo desapareciera mañana, ¿qué seguiría haciendo igual?”

Eso que resistiría al derrumbe, eso eres tú. Todo lo demás es prescindible.


2. No busques el propósito, busca el pulso

La obsesión por encontrar tu propósito ha dejado más cadáveres que guerras religiosas.

Nadie tiene un propósito esperando bajo una piedra.

Tienes pulsos. Intereses. Chispas que parpadean cuando algo te toca sin motivo.

Seguir el pulso no garantiza éxito, pero al menos te arrastra fuera de la anestesia.

Prueba, fracasa, abúrrete, repite.

La claridad llega después del movimiento, nunca antes.
El que espera a entender antes de actuar, muere entendiendo nada.


3. Distingue tus deseos de los implantes ajenos

El deseo es un virus. Te inoculan lo que deberías querer desde niño: la casa, la pareja, el título, el cuerpo perfecto. Y tú lo compras.

Saber lo que quieres exige desinfectarte.

Hazte estas preguntas:

¿Esto lo quiero yo o lo quiere la mirada de los demás?

¿Me emociona o solo mejora mi currículum?

¿Lo haría si nadie me viera?

Cuando las respuestas te avergüencen, vas bien. Significa que estás dejando de mentirte.

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4. Lo que te da vida no se planea, se reconoce

La mente no siempre sabe lo que el cuerpo ya grita.

Recuerda los instantes donde te sentiste despierto:

cuando perdiste la noción del tiempo,
cuando no necesitabas aprobación,
cuando no buscabas ganar.

Ahí hay señales. No de destino, sino de vitalidad.

La claridad no se razona: se siente como una vibración tranquila que no necesita aplausos.


5. La versión de ti que ya vivió todo sabe la respuesta

Imagina a tu yo de 80 años, mirándote con una mezcla de ternura y desprecio.

Pregúntale:

¿De qué me arrepentiría si no lo hiciera ahora?
¿Qué me agradecería haber tenido el valor de perder?

Esa voz sabe más que cualquier libro de autoayuda.

Escúchala antes de que sea demasiado tarde.


6. Define tus “sí o sí” y tus “nunca más”

El ser humano se define más por lo que no acepta que por lo que desea.

Haz dos listas:

  • Tu lista Sí o Sí, aquello que te nutre, te expande, te da sentido aunque no dé dinero.
  • Tu lista Nunca Más, aquello que te roba energía, que haces por obligación o miedo.

Cada decisión debe pasar ese filtro.

Si no encaja en tu Sí o Sí, o invade tu Nunca Más, estás traicionándote.


7. La confusión no es un error, es un mapa

Estar perdido no es el fin del camino; es la señal de que dejaste de fingir.

La confusión es fértil, porque te obliga a pensar.
Solo quien se atreve a caminar sin certeza encuentra algo real.
El resto repite la vida de otros.

Así que deja de buscar la fórmula y camina torcido.

La claridad no llega con respuestas, sino con honestidad.


No necesitas que el universo te hable. Ni señales, ni frases motivadoras.

Solo necesitas silencio, movimiento y sinceridad contigo mismo.

La única manera de descubrir cómo saber lo que quiero es aceptar que, al principio, no querrás nada.

Y aun así, seguir caminando.

FIN

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Acerca del Autor

Erik Xavier Parra Sandoval

ERIK XAVIER PARRA SANDOVAL

Administrador de empresas especializado en marketing, gestión de negocios y contratación estatal, con experiencia en liderazgo, motivación y desarrollo personal. Destaca por un estilo práctico y directo, orientado a la acción y a la implementación de estrategias efectivas. Domina el ámbito digital mediante la creación de contenido, diseño web y transformación de ideas en experiencias innovadoras.

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